Texto Emancipado I de Variaciones 3,1415926535 de Pietro Salemme


Afuera hace treinta y seis grados y aquí dentro cuarenta. Estuve todo el día sentado en una silla que transpira frente a un monitor que me enceguece. Intento buscar en el movimiento de mis dedos sobre el teclado imágenes precisas, concretas diferencias que se marquen insólitas o al menos cobijen un trazo apartado del contexto coloquial y cotidiano. 
Y vos crees que podes irte, o quedarte en tu casa, o mudarte de cueva o pintarte la carne con la ropa de las vidrieras más visitadas. Tu sufrimiento se compadece del mío y eso me torna salvaje y animado, me muta en esta maza de desconsuelos consolándose con la voracidad del acto. Para escribir, primero hay que estar destruido, nadie puede citar dos líneas creíbles  tipeando a diez dedos. 
Rifé mi cuerpo en incontables oportunidades, pero eso no es nada en comparación de lo que hice con mi alma. Todo para que alguien se quede en su casa y crea que es cierto lo que sucede, que es real lo que hace cuando se levanta y encuentra el desayuno listo. Yo me miro al espejo para aniquilarme, conozco los valores y significados de estas palabras. Me suicido en cada hombre que toco, y me quedo con sus propias muertes. Así lo quisieron los hipócritas del consulado de la fe cuando profetizaron sobre mi feto desahuciado.
La espalda y el respaldo de esta silla calurosa son, con el correr de las horas, de una misma materia. Fatídica fiebre que esparce sus despojos y vicios por toda la habitación para dejarme abandonado en medio de una telaraña de insectos secos, enredado en una seda de polen y tierra sin raíces precisas. ¿Y te crees que es cierto?. No me queda otra cosa que escribir desde este ímpetu, porque lleva años de insomnio construirse un despojo de nada, un cuarto para encerrarse, un viscoso recinto donde todo lo que hay remite a lo que fue. Pues, solo quedan retazos, partes incompletas. 
No me hace feliz este engendro que crío dándole de comer en la boca y matándolo de sed sin mas padecimiento que mi propia desesperación. Los otros siguen en sus calles amargas pero que saben a dulces licores. No confío en ninguna otra posible realidad porque he sido custodiado desde pequeño por las lobas hambrientas de la vacuidad. Un vago trastorno alimenticio me asegura la anomalía deseada, horarios corridos y soles que me atragantan mientras duermo. El dinero solo es necesario para comprar cigarrillos, mas allá de eso no sirve para nada. Pero vos, si queres, limpiate el culo con el mejor papel. 
Puedo estar escribiendo que igual mi cama mostrará los sueños de otros, pedazos de carne que se me vuelven desconocidas después del difuso orgasmo pretendido. Porque todos los amores caducaron con el solo nombre de lo perpetuo, lo único que trasciende es la yuxtaposición de engendros con venturas glaciales. Porque todo es frío como este calor que me consume, como este aire que no pasa por el mosquitero de la ventana porque esta gordo y seco, como estos codos que bailan boca abajo a los costados de la silla, de mi cintura y mis caderas martilladas por paletas de ventiladores moribundos. 
Por un manojito de mentiras uno se muere de felicidad. Novias en celo arrojando el ramito al infierno de las hambrientas solteronas. Altarcito. Cruzar los dedos todo el tiempo porque nadie te mira cuando hablás. Pronunciar lo bestial con un sonido decidido y pegajoso. Una bolsa de pelotas tiradas cerca de la puerta. Un vaso frenético. El sarro en los tobillos. Testículos que se asfixian de calor y solo producen espermatozoides muertos que se estrellan contra la pendiente de tu huella despareja y sin sabor alguno. Me queman las palabras como si estuviese recostado boca abajo en un colchón de lamparitas encendidas. Nadie ha de morir por estas cosas, suceden todo lo que dura una vida. Nunca podrás dejar de escribir barbaridades. Ni dejaras de ser supersticioso. Creer en Dios facilita las cosas a cualquiera, ¡pero creer en las palabras!, con eso ya sabes lo que pasa, y la fe no es algo que se modifique, podes cambiarle el nombre pero seguirías sintiendo lo mismo; llamálo Dios o como quieras que de igual modo te vas a comer vos mismo sobre los cuerpos de los otros, y derrocharas palabras cariñosas como un estúpido escritor pervirtiéndose sobre el escritorio, y venderás tu alma a quien diga que ha de cuidarla, y comerás frutas venenosas, y todo, todo, absolutamente todo para no faltar a tu condena de escribir. Nadie te va a creer nunca. ¿Quién te va a creer si no tenés la dignidad suficiente como para salir a comprar un cuarto de pan o un kilo de helado? ¿De qué podes escribir si no conoces los códigos de los que caminan por el medio la calle cuando es de noche y las veredas están plagadas de árboles?. Sos un estafador sin mas cómplices que un reguero de recuerdos repentinos pero que nunca te dejaron dormir en paz; un corazón abandonado en el canasto de la basura de un vecino; porque ni siquiera tenés un canasto donde arrojar tus desperdicios. Yo me quedo con todo, siempre guardé todo, siempre junté porquerías que no me servirían para nada. Porque algún día podría olvidarme de todo. Y los objetos no te recordarán nada, si olvidaste, ya te olvidaste. Y para qué tirar, si las cosas tienen sus propios destinos. Guardé todas sus cartas, pero las mitad me las comieron las ratas, junto al chupetín cordobés de dulce de leche. O sino se pierden, te las roban, siempre algo les pasa, ¿viste?. Por eso, morite tranquilo, que los que queden van a hacer una fogata con todo lo que juntaste. Tal vez ni eso, va a ser peor, van a sacar todo a la calle, a la vereda y de a poco va ir bajando la pila, los que pasen se detendrán a revolver tu basura, conocerán tus secretos, sabrán qué comiste, qué soñabas, qué escondías de las miradas indiscretas; y el resto lo irán construyendo ellos mismos, se alejarán llenos de objetos y de suposiciones a sus casas o la de nadie. Tranquilo, a cada uno le pasará lo mismo. Por eso voy a escribir todo lo que me prohibieron sin carteles en la boca, sin cintas, sin palabras. Le daré yo las palabras a los oscuros epitafios de los vivos por succión. Quiero escribir hasta morirme de risa, de calentura, de humo, de letras. Lo voy a hacer como quiera; nunca me importó el precio; puedo pagarlo, sea cual fuera. Ya lo he comprobado. Mi padre me prostituía. Mi madre me violaba. Por eso puedo hacer cualquier cosa, ya no hay dolores corporales. Lo peor es cuando me pongo triste y extraño. Me voy a morir de viejo, de cualquier cosa, no por todo este mundo deformado de mutantes palabras negras, alargadas y conceptuales. 
Me voy a recostar, afuera hace cuarenta grados y aquí dentro mucho más.

Fotos de Pietro Salemme
sobre el episodio protagonizado por Ariel Fernandez
Texto Emancipado I de Variaciones 3,1415926535 de Movimientos sobre la Quietud - 2008 - MUSEO/Casa Batato Barea
Dramaturgia y Direccion: Pietro Salemme


Texto integro sin correccion del Episodio Texto Emancipados I de Variaciones 3,1415926535 por Pietro Salemme





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